Lo que aprendí mirando despacio
Cinco notas sobre la luz, el tiempo y las cosas pequeñas. Para leer el día que tengas prisa, que es cuando más falta hacen.


Hay días en los que disparo mucho y vuelvo con poco. Y hay días en los que apenas saco la cámara y vuelvo con una foto que sigo mirando meses después. La diferencia casi nunca está en el equipo. Está en cuánto tiempo miré antes de decidir.
Estas cinco notas las apunté en un cuaderno durante un viaje a Japón y las he seguido usando en cada sesión desde entonces, sea un bar en Parla o una cazoleta sobre una mesa negra.
Lo que no iluminas decide tanto como lo que sí
Cuando empecé, mi reflejo era añadir luz. Un panel, un rebote, algo que llenara. Con el tiempo aprendí que la foto se decide en la sombra: lo que dejo a oscuras es lo que hace que lo iluminado importe.
En una sesión de producto, media foto vacía lleva el ojo directo al objeto. En un local, la pared que no enciendo es la que da profundidad a la barra. Antes de encender nada, pregunto qué quiero que no se vea.
Casi siempre, la foto está en el hueco entre las cosas
En japonés hay una palabra para el espacio entre las cosas, y en las ciudades se nota que se piensa en él: el aire entre una casa y la siguiente, la pausa entre dos sonidos, el tramo de calle vacío antes de una esquina.
Cuando encuadro, ya no busco el objeto. Busco el hueco que lo rodea. Si el hueco está bien, el objeto se coloca solo.
Esperar también es trabajar
El amanecer de la foto de arriba no se puede acelerar. Llegué de noche, monté el trípode y estuve cuarenta minutos sin hacer nada que pareciera trabajo. Luego la luz entró por la derecha, tocó el agua y hubo tres minutos buenos.
En los encargos pasa igual. Si un cliente me pide fotos de su terraza, pregunto a qué hora le da el sol y voy a esa hora, aunque me venga peor. Una hora bien elegida vale más que cualquier retoque.
Lo pequeño se nota más que lo grande
Nadie recuerda que la foto tenía una resolución altísima. Se recuerda el brillo en el borde de una copa, la textura de una pared, el vaho en una ventana. Cuando reviso una sesión, busco esos detalles y les doy sitio: una foto de cerca, un recorte, un segundo más en el vídeo.
Antes de disparar, decide una sola cosa
Qué es lo importante de esta imagen. Una cosa, no tres. Si es el color de la cazoleta, todo lo demás se apaga. Si es la gente en la barra, la barra se desenfoca. Cuando intento que una foto lo diga todo, no dice nada.
Mirar despacio no es ir lento. Es decidir antes de disparar.
Si te sirve alguna de estas notas, guárdala. Y si tienes la tuya, cuéntamela por Instagram: las mejores ideas de este cuaderno no son mías.